miércoles, septiembre 30, 2009

EXPLORANDO EL PARQUE.



Un día en Denali, da para muy poco, pero es suficiente para hacerse una idea de lo impresionante que son sus paisajes y de la enorme extensión de terreno que abarcan. Tuvimos dudas sobre como organizarnos, y al final decidimos apuntarnos a una excursión guiada por un guardia forestal del parque.



La ruta empezó en un sendero que se encontraba junto a la vía del tren. La misma vía que nos llevó hasta Denali. Cuando pasó el tren, salimos a su encuentro para saludar a todos los viajeros que se iban, algo que también hicieron con nosotros en algunos pueblos junto a los que pasamos, muchas personas iban a nuestro encuentro para decirnos adiós.

En esta época del año,las regiones de tundra del Denali se cubren de flores silvestres y de colores amarillos, rojos y naranjas que señalan el inicio del otoño.





Un preciosa imagen de Denali Village, el principal centro de servicios de la zona. Era la última semana en que el lugar permanecía abierto al público. Durante el invierno, debido a las bajas temperaturas que se alcanzan en este sitio, permanece cerrado, quedando tan sólo cinco o seis familias allí. Una semana después, salía el último tren rumbo a Anchorage y era un tren exclusivamente reservado para los trabajadores del parque.



Lago Horseshoe, destino de una marcha sencilla y muy popular.




Aquí nos teneis adentrándonos en el bosque. En Denali está prohibido ir armado, así que hay que seguir unas normas básicas de protección. Pedro andaba con un cascabel antiosos que resultó un tanto molesto para la guía, una naturalista empedernida, completamente apasionada con su trabajo. Su intención era que pudieramos avistar algún animal y con el cascabel de Pedro más bien el efecto era el contrario, así que tocó dejarlo en consigna, si ya se lo decía yo...
Nos dió instrucciones muy precisas en caso de encontronazos inesperados con osos, lobos o alces. Nada de chillar, nada de hablar finolis, sobre todo en el caso de ver lobos, las voces femeninas son peligrosas y las fuertes masculinas ideales, formar grupo para parecer muy grandes... me hubiera encantado encontrar lobos grises o escuchar sus ahullidos. En Denali viven unos 100, agrupados en una docena de manadas aproximadamente. Cada manada que incluye un macho jefe, una hembra y sus cachorros, necesita entre 518 y 2072 Kilómetros cuadrados, para que luego venga el guapo de turno a meterlos en un zoo...El lobo adulto, suele pesar 45 kilos, tiene un cerebro dos veces más grande que el de un perro doméstico. Actualmente, hay entre 7000 y 10000 lobos en Alaska, aunque tienen sus problemas con los cazadores que están emperrados con que los lobos matan demasiados alces, y digo yo que también tienen que comer, y con todo su derecho que para eso están en su casa. La consecuencia de estas afirmaciones ha hecho que el gobierno cree programas de control del lobo. Los lobos que viven en Denali están bien protegidos, siempre que no salgan del parque, pero ¿entienden los animales de fronteras o señales?.

Me hubiera gustado ver a algunos de mi grupo en situación comprometida frente a uno de los cuatro grandes habitantes del parque, sobre todo, a las mujeres con tacones y repletas de maquillaje que se adentran en un parque nacional de esas características confundiéndolo, quizás, con Disneyland.




De nuevo, vimos una presa natural hecha por los castores. Enemigos acérrimos de las nutrias por si alguien no lo sabe. Si se cruzan con una, se la meriendan en menos que canta un gallo.




Y esta señora era nuestra guía, ¿no os recuerda al forestal de el oso Yoguie?




Aquí teneis un bosque, o mejor dicho, lo que queda de un bosque cuyos vecinos son los castores. Lo dejaron arreglado.



La señal que marca la entrada. Una sóla carretera se adentra en sus indómitos paisajes y sólo se puede acceder a ella con los autobuses del parque.

martes, septiembre 29, 2009

PARQUE NACIONAL DE DENALI.



La estación.



Denali Village.



El nuevo hotel.



Esperando a que alguien nos recoja para ir al nuevo hotel.



El hotel equivocado.



En el autobus.



Reciclan viejos autobuses escolares.



La llegada a Denali nos tenía emocionados porque los paisajes finales que disfrutamos en el tren prometían una experiencia inolvidable en un lugar privilegiado.
Nos dijeron que una visita al Parque Nacional de Denali era obligada, y entendimos enseguida porqué.
Se extiende a lo largo de 24.395 kilómetros cuadrados, y su principal interés reside en el monte Mckinley de 6195 metros, que domina el paisaje y es el pico más alto de Norteamérica.
Ofrece la oportunidad de observar a los "Cuatro Grandes": Osos Grizzly,alces, caribúes y carneros de Dall. También hay lobos, zorros, castores...vamos, un paraíso en los tiempos que corren.
La estación queda alejada de Denali village, el principal centro de servicios, ubicado junto a la carretera, por lo que, nada más llegar a la misma, esperan un montón de autobuses para trasladarnos al hotel correspondiente. Un error informático nos llevó hasta un pequeño hotel de montaña, precioso y en lo alto de una colina, que resultó no ser el nuestro. Nosotros reservamos uno, pero el ordenador confirmó otro, cosas del internet, así que nos tocó esperar cinco minutos a que vinieran a recogernos los del nuevo hotel, mucho más "lujoso", pero en mi opinión, bastante menos acogedor.

lunes, septiembre 28, 2009

ALASKA RAILROAD.



Llegada a Denali.







Elegir las fotos para este post ha sido una odisea. Hicimos más de 300 a la ida y otras tantas a la vuelta, por lo que la selección ha sido un tanto aleatoria. Lo cierto es que los paisajes no tienen desperdicio y no dejan de sorprenderte. Cambian las tonalidades, la vegetación, el color del cielo...lo mismo pasas una zona de apariencia árida, como un río enormemente caudaloso, una llanura o un lugar lleno de flores o pequeñas charcas.



El tren es mi medio de transporte preferido, con diferencia además, así que disfruté lo que no está escrito. Me costaba entender como había personas que podían dormirse ante la magnitud de estos paisajes.







Cogimos el tren en Anchorage con destino al Parque Nacional de Denali.



El ferrocarril entre Seward y Fairbanks, se completó en 1923 y reactivó la economía de Anchorage.

domingo, septiembre 27, 2009

REGRESO A ANCHORAGE.




Según la leyenda si a este oso le tocas la barriga tendrás muy buena suerte, no perdía nada por intentarlo.



Monísima de la muerte...



El tamaño impresionante de una ballena azul. Wyland whale mural. Pintado a mano alzada por Robert Wyland en 1994, este mural representa a una familia de ballenas y ocupa un muro al este de Town square.



El miedo a las demandas está latente en Estados Unidos, así que nos hizo mucha gracia la cantidad de señales enormes y llamativas que había puestas en esta calle para dejar clarito que están en obras.





Las calles de Anchorage son espaciosas y verdes.



Otro mural de algún artista callejero.



Regresamos a Anchorage donde pasamos el resto del día y la noche, para partir a primera hora de la mañana rumbo a Denali, nuestro próximo destino. Nos dijeron que no nos lo podíamos perder y decidimos tirar la casa por la ventana y regalarnos tres días de vacaciones. Aprovechamos la oportunidad para recorrer y disfrutar de Anchorage y a decir verdad, nos cundió mucho el día.

sábado, septiembre 26, 2009

ADIÓS. PARA LOS ESPAÑOLES DE ANIAK.










Al Kuskokwim le debo un montón de recuerdos y de sensaciones, así que me pareció de justicia tomarme mi tiempo para despedirme del río y también de Aniak. Con Randi dando saltos de alegría a nuestro lado, decidimos ir paseando para disfrutar con más intensidad las últimas horas que nos quedaban en este lugar que ahora ya forma parte de nuestras vidas y tiene un huequito en nuestros corazones.

El río fue el motor de este viaje hasta Alaska, la última frontera como se conoce popularmente. En mi interior, los sentimientos se barajaban de manera descontrolada. Es complicado aclarar las ideas cuando las sensaciones florecen, pero puedo decir que estoy muy agradecida a este río que me ha dado tantas oportunidades. La primera, el viaje en sí. También la ocasión de disfrutar y conocer a la pequeña comunidad española de Aniak con sólo tres componentes: David, Miriam y Naím. Me ha regalado escenas maravillosas como el arco iris reflejado en la superficie, el traqueteo de la lancha al deslizarse a toda velocidad sobre sus aguas, la oportunidad de descubrir que no tengo ni idea de pescar y que me moriría de hambre si de ello dependiera mi vida, la comida. Le agradezco cada salmón, y a los salmones también les doy las gracias por darme su vida para mantener en marcha la mía.

Así que, aquella última tarde y por primera vez después de un mes allí, me armé de valor y disfruté del chapoteo de mis pies sumergidos dentro de la gélida agua, que cortaba la respiración, os lo aseguro. Sentía una sensación extraña que me es complicado explicar, pero es lo que se siente cuando empiezas a coger cariño a un sitio y tomas conciencia de que es muy probable que no vuelvas allí nunca más.

También contribuyó a mi sensiblería, Randi, quien cada noche se hubiera jugado la vida por nosotros si hubiera sido necesario. A mí, que me dan miedo los perros y suelo admirarlos desde lejos...pues ya veis, consiguió ser la excepción.

El río me transmitía paz. Era un bálsamo para el alma agitada, acallaba mis pensamientos, me calmaba con su música melodiosa.

Amaneció de nuevo en Aniak. Casi de un modo automático, recogimos los trastos de la tienda, terminamos de preparar las maletas, nos sentamos a ver pasar el tiempo, y miramos a nuestro alrededor por última vez antes de montar los cinco en el quad y partir hacía el aeropuerto.

En la sala de espera sentí de nuevo el mismo silencio que percibí cuando llegamos. Un documental de osos en la tele y Naím haciendo mil preguntas. Llovía. No sabía muy bien que era lo que se movía en mi interior, un poco de confusión quizás, el alma adormecida, un muro de defensa para no pensar, porque no me gustan las despedidas, así que, cuando nos llamaron para que subiéramos al avión, nos dijimos adiós un poco acelerados, besos, abrazos y salimos escopeteados con una sonrisa en los labios. Todo iba bien hasta que me giré y ví a Naím pegado al cristal de la ventana, rompiendo a llorar mientras nos llamaba y ¡plof!, ya tuvimos el lío montado. Subí al avión hecha un mar de lágrimas, de golpe y porrazo la mente en blanco cambió de trayectoria y desencadenó un torrente de imágenes, de recuerdos, de sensaciones, y ya no tuve consuelo hasta que estuvimos bien lejos de Aniak. Fui consciente de lo que había crecido, aprendido y vivido en un mes trabajando como voluntaria en la Alaska rural. De que me iba de allí sintiéndome enormemente afortunada e inmensamente agradecida.

Despegó el avión y me despedí de cada casa que veía a través de la pequeña ventana, el lodge, el super, la oficina de correos, el río...y mientras, abajo, en el dique, tres españoles daban gritos y saltos intentando ser vistos desde las nubes, sin saber que, allá en las alturas, ocupaban en ese momento nuestra mente y nuestro corazón.


"No se ponga triste ante una despedida. Una despedida es necesaria para volver a reencontrarse. Y un reencuentro, después de un momento o después de toda una vida, es algo inevitable si somos amigos de verdad".

Os esperamos aquí con los brazos abiertos.